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Indeleble...

lunes, 19 de marzo de 2012

Hans Zimmer - Time


Hoy llegan a mis oídos todo tipo de melodías.
Tristes, alegres, melancólicas, apáticas, dulces, amargas, débiles, poderosas, desnudas, hermosas.

Guardan todo tipo de recuerdos y connotaciones. Sugieren todo tipo de acciones, todo tipo de revueltas, todo tipo de respuestas y soluciones.

Pero no acabo de encontrar ninguna que defina mis sentimientos, mi apatía, mi alejado sentimiento del mundo y de aquello que me rodea.
Esa extraña sensación de sentirte como un tempano de frió hielo que nunca se derrite, que se mantiene rigido y congelado, inalterable e indeformable ante todo tipo de dolor o felicidad.

No se como explicarlo. Es la máxima neutralidad del pensamiento, del sentimiento y de la percepción de la realidad.

Es vivir como si hubieras muerto, teniendo la sensación de que todo se repite pero incesablemente te dan la oportunidad de volver a empezar. Una célula convectiva de desolación y monotonía.

Sentirse como una alma en pena que vaga por el mundo a modo de espectador, como un fantasma sin presencia, sin alma, sin vergüenza ajena ni propia, sin miramientos.

Es como si fuera yo quien redactara la triste historia que me rodea, como si tuviera que recoger todos y cada uno de los pedacitos que conforman el espacio y el tiempo que se desarrolla a mi alrededor.

Nubes de sucesos surcan mi vida sin producir la más mínima mella en mi.
Es como si, por asi decirlo, fuera independiente a mi propia historia, como si no llevara mis propios mandos, mi rumbo o mi control...

Muerte, ya sea esta dulce o amarga, trágica o apoteósica, elegante o vulgar, indiferente o dolorosa, plácida o agonizante...
¿Será lo que tanto necesito?

Si.
Es lo que necesito.

Necesito el final.
Necesito la parca.
Necesito al diablo, al maligno, a Mefistófeles, a Hades, a Lucifer.
Necesito la muerte.

Su mejilla huesuda, sus manos blanquecinas, la fragancia de la sangre que empaña su toga más oscura que la mismisima oscuridad.
Pero sobretodo lo que más necesito es su guadaña, su filo capaz descuartizarme sin el más mínimo ápice de piedad...

Cierto es que la necesito, pero yo no quiero morir. No tengo intención de desaparecer.
Necesito la muerte, pero no para mi, sino para todos vosotros.

Todos aquellos despreciables insectos que me entorpecen y que menguan mis ganas de vivir, todos esos malditos bastardos que osan entrometerse en mis asuntos, en mi vida, en mi historia, creyendo que tienen el privilegio de formar parte de ella.

No me estoy excediendo.
No sobran las palabras.
Aquello que realmente sobra son cuerpos sin alma en este misero mundo, títeres sin cerebro que nos joden la vida, seres viles y repugnantes que infestan con su ignorancia la cultura que nos rodea. La paz y el sosiego que han sido pisoteados sin miramientos, el orden y la justicia que han sido corrompidos por la sed de poder y riqueza de los viles cerdos con traje y corbata.

Estoy harto. Harto de explotar en silencio.

Sumido en mi propio mundo el cual se encuentra sumido en el caos.
El caos que se filtra lenta pero implacablemente en mi refugio privado.
Privado de la paz de la que disponía en mi mas tierna infancia.
Una infancia de la que ya no todos los niños pueden disfrutar a causa del mundo.
Un mundo distante, diferente y distinto del que todos hayamos podido dulcemente soñar alguna vez en nuestra vida.

Una vida.
Un triste e insignificante vida.
Tan frágil que puede acallarse súbitamente en cualquier instante, para así, mientras todo se nubla, sumirse en el eterno silencio.

[#376] Este mundo esta podrido, y la gente podría estar mejor muerta...

Delirios...

John Stump - Death Waltz


Que estallen las arterias.
Que exploten los cráneos.
Que lloren los niños.
Que mueran los soldados.

Muerte, fuego, destrucción.
Llanto, agonía y desolación.

Que no quede nadie sonriente, rozagante o apasionado.
Que bajo la fúnebre lluvia roja solo sonría mi tez.
Mi retorcida sonrisa.
Mi mente enferma.
Mi alma perturbada.
Mi corrupto corazón.

Muerte, fuego, destrucción.
Llanto, agonía y desolación.

No más colores en la tierra.
No más melodías en sus oídos.
No más sonrisas en sus labios.
No más alegrías en sus vidas.

Muerte, fuego, destrucción.
Llanto, agonía y desolación.

Solo el sol incidiendo en el desolado mundo.
En el mundo desolado que nunca será salvado.
Que nunca será abrazado.
Que nunca será querido ni amado.

Muerte, fuego, destrucción.
Llanto, agonía y desolación.

Muerte en el aire.
Muerte sobre la tierra.
Muerte a donde quiera que valla.
Que valla la muerte donde quiera.
Y allí a donde quiera que valla que valla porque así ella lo quiera.
Porque quiera yo o no lo quiera, la muerte les quiere y les abrazará aunque no quieran.

Muerte, fuego, destrucción.
Llanto, agonía y desolación.

Delirios de grandeza.
Delirios de desazón.
Delirios en el alma, en la mente y el corazón.

Muerte, fuego, destrucción.
Llanto, agonía y desolación.

[#376] Lidio con los lirios de mi lindo delirio.

Solución...

domingo, 19 de febrero de 2012

Esta entrada es la continuación de "Impulso..."
Kingdom Hearts - Dive into the Heart


Sin saber todavía como había ocurrido tenía un cadáver en medio del garaje.

Un cuerpo inerte y burlón yacía ahora ante mi, riéndose de mi desgracia al ser él mismo mi mayor problema. Las terribles carcajadas me atravesaban el corazón como ardientes agujas, hiriéndome y maltratando mi dolido pensamiento.

-¿Que hago yo ahora con esto?
La pregunta era repetida una y otra vez al aire. De pie esperaba una voz que me guiara para salir de aquel entuerto.

Pero no escuché absolutamente nada.
Nada de nada.
Solo silencio, un punzante y terrible silencio...

Fue entonces cuando el miedo vino a visitarme. Las dudas me asaltaban sin cesar.
El temor corría vertiginosamente por mis venas.

Ahora mi única preocupación era hacerle desaparecer, pero en mi estado me resultaba imposible. Estaba alterado, confuso, perdido, no sabía que hacer.

Saqué un cigarrillo de la pitillera y calé entre nervios e injurias a mi insensatez. Ahora mis huellas estaban en su cuello, si el cadáver era localizado tal cual me atraparían.

Desplacé el cuerpo hasta la sala de la caldera y cerré el garaje con llave.
Ahora era el momento de pensar. Necesitaba mi tiempo, mi humo, mi paz, mi calmado e inquebrantable juicio limpio de nieblas e insensateces.

Subí a mi habitación y escuché un poco de música con la que poder pensar con claridad. Comencé a cavilar, a idear un plan perfecto con el que librarme del problema en el que me había metido. Como un niño que se mea en la cama buscaba la manera de deshacerme de las sábanas empapadas.

Pensé en mil locuras, tales como cocinarlo y alimentar a los perros del vecindario, o enterrarlo en mi propio jardín bajo una nueva plantación de geranios que habría ido a comprar expresamente para la ocasión.
Muchas tonterías pasaron por mi mente, e incluso algunas consiguieron hacerme sonreír de lo descabelladas que resultaban.

Pero no tardé en encontrar una interesante solución...

Cogí la moto y fui a la gasolinera a llenar un bidón de no más de cinco litros.
Poco después, al llegar a casa, busqué un par de cosas que necesitaría.
Ahora se abalanzaba sobre mi la parte más complicada.

Le puse un caso, até sus muñecas con unas cuerdas y pase los extremos por dentro del bolsillo delantero de mi sudadera, de este modo quedaban mucho menos visibles y el cuerpo se mantendría erguido.
Ahora, con el cadáver a mi espalda, monté en la moto y coloque el bidón con gasolina a mis pies. Ceñí bien la cuerda, arranqué la moto y salí de casa.

El viento era realmente reconfortante. Sentir como la brisa me acariciaba hacia más llevadero el terrible abrazo de mi querido compañero, el horrible abrazo de la muerte a mis espaldas.

Pasamos por el campo de fútbol, después la avenida de los famosos postes eléctricos, y no mucho más tarde ya estábamos por las periferias del club de tenis.

Mi destino ya estaba fijado, mi rumbo ya había sido decidido. El paseo terminaría en las trincheras.

Aunque vieja seguía siendo una gran luchadora. Sin ser siquiera una moto de cross, mi pequeña Piaggio llego a la explanada que hay justo antes de llegar a las trincheras de una pieza.

Desaté al oso amoroso de mi cintura, lo apoye sobre mi hombro, tomé el bidón con la mano izquierda y comencé a caminar hacia el bosque.

Eran ya cosa de las siete de la tarde, el sol se estaba ocultando en el horizonte y yo lo hacía entre las sombras de los árboles.

El camino resultó mas llevadero de lo que pensaba y pronto llegamos al lugar que tenía en mente. Una vieja trinchera que había en lo alto de una colina y que todavía mantenía gran parte de su recorrido bajo tierra accesible. El lugar perfecto.

Dejé caer el cadáver lo más adentro posible y lo coloqué con la cabeza mirando al techo. Abrí su boca y le obligué a tomar unos cuantos tragos de gasolina a su salud.
Un cuarto del combustible del que disponía estaba ahora en el interior de su cuerpo.

Cogí el bidón y cuidadosamente terminé de rociar el resto de su cuerpo. Bien empapado y listo para chisporrotear entre las llamas.

Saque de nuevo la pitillera. Tomé un cigarro y lo coloqué tranquilamente en la comisura de mi boca, sin preocupaciones, sin prisas. Este era mi momento, este era el final que yo había decidido.

Saqué de mi bolsillo el Zippo que mi abuelo me regalo y encendí aquel cigarro como si de una antorcha olímpica se tratara. Con orgullo y satisfacción di una profunda calada y sentí como el humo se deslizaba a través de mis pulmones, envenenando mi cuerpo y a la vez sumiéndome en la calma.

Era la hora, el final estaba cerca, el telón debía bajar y traer consigo el final de tan curiosa aventura.

Tomé una última calada y cogí el cigarrillo sin poder evitar dejar escapar una retorcida sonrisa.

Lo solté. Este cayó, encendió la gasolina y su cuerpo comenzó a arder.

Aquí estaba.
El final.
El brillante y apoteósico final que las llamas que emanaba de su cuerpo producía.

Una mirada de tristeza se reflejaba en mis ojos. Todo había terminado. El éxtasis se había ido. El placer de la muerte ya estaba completamente marchitado. Ya no quedaba nada por lo que enloquecer o por lo que sonreir.

Allí estaba él, ardiendo ante mi, como Sodoma, como Gomorra, haciendo centellear mis ojos en la oscuridad de la noche que se cernía sobre nosotros.

El tiempo estaba en mi contra y el olor de su cuerpo no tardaría en delatarme, así que, viendo su cadáver chisporrotear una vez más, le dediqué unas últimas palabras.
Nobles y sinceras, crueles y despiadadas:

"Ve donde el viento te pose, donde tus actos te lleven, donde el fin te sitúe.
Que quien te amase te llore, que quien te quisiera te recuerde, que quien te conociera te extrañe.

Espero que allí a donde vayas no me guardes rencor, tarde o temprano mi hora también llegará. Quién sabe si a manos del tiempo, o quizás a manos ajenas como en tu caso, pero algún día esas manos llegarán y con ellas mi final.

No te pido que me perdones. Ni siquiera que escuches mis disculpas, puesto que nunca van a existir. Sin embargo hay algo que si que deseo, y es darte las gracias.

Mis manos nunca te olvidaran y mi alma no podrá ignorar el placer de aquel momento. Te estoy sumamente agradecido por dejarme tu vida en bandeja.

Gracias por regalarme tu muerte."


Las llamas habían perdido su ímpetu, el hedor de su carne empezaba a corromper mis sentidos, y la luz de la luna entraba furtivamente por la abertura.
Era la hora de marchar.

Salí de allí en silencio, arropado por el aciago viento que esparcía por el cielo el nefasto aroma de la muerte. La luz a mis espaldas menguaba rápidamente, como una triste hoguera de verano maltratada por el viento del mar.

Bajé la ladera y, una vez abajo, miré atrás para contemplar como el agonizante resplandor sucumbía entre las tinieblas.
[#376] "No estoy loco, disfruto de la locura"

Impulso...

lunes, 6 de febrero de 2012

La Valse des Monstres - Yann Tiersen

De súbito mi respiración se entrecortó!

No se que me ocurría.
No entendía que me estaba pasando.
Un extraño escalofrío me recorría el espinazo, como una melodía que eriza todos los diminutos pelos de tu cuerpo y alcanza tu cabeza para encresparte el mismísimo pensamiento...

Al principio parecía algo fugaz, como un mero pronto que no terminas de comprender, pero poco a poco se fue tornando más nítido en mi mente.

Mi corazón latía intensamente, mi estomago se plagaba de mariposas, mi interior carcajeaba en silencio mientras en mi tez se filtraba una mueca similar a una sonrisa, una sonrisa de maldad, una sonrisa de placer, una sonrisa imbuida de fatalidad.

Allí estaba yo, sin poder contenerme, visualizando el camino a seguir...

Él estaba de espaldas a mi, admirando una serie de instrumentos que en ese momento tenia en mi garaje. Disfrutaba tocando la guitarra y probando el bajo de un amigo mio mientras yo, con la mirada perdida, buscaba una herramienta idónea para el cometido que tenia en mente.

Le dije que me tenía que ausentar un momento para ir arriba a por una cosa que me había olvidado. El no se inmutó y siguió tranquilamente tocando sin preocupación alguna, sin sospecha alguna, sin presagio alguno del futuro que se cernía sobre el.

Mientras subía rápidamente las escaleras hacia mi habitación comencé a recordar todo cuanto tenía yo en ella. Sin poder soportar el alegre bombeo de mi agitado corazón recordé la multitud de dagas y katanas, pero pronto caí en la cuenta del estropicio que eso supondría.

Que dulces imágenes poblaban mi imaginación esgrimando todo tipo de armas de filo, rebanando cada miembro como si de mantequilla se tratase, desmenuzarlo con suma delicadeza para servirlo más tarde a las finas hierbas.
Pero no era buena idea, los restos serían un serio problema, así que decidí ser sensato y no embarcarme en un arca con tantas fugas.

Miré en todas direcciones y busque con sumo recelo, nada me convencía, no podía decidirme entre tantas formas y ejecuciones que rondaban mi cabeza.

De pronto el me llamó.
Sumido en la preocupación de que quizá quisiera irse bajé atropelladamente las escaleras en su busca para ver que ocurría.

Nada más llegar abajo vi como él estaba sentado ante mi piano.
Con sus manos ya posadas en el me preguntó si podía tocarlo. Mientras yo me ponía a sus espaldas para hacer como que tenía intención de escuchar aquello que el quisiera tocar le conteste que si, que no había ningún problema.

Cuando la primera nota sonó entré en trance.

Tendría que ser limpio.
Tendría que ser silencioso.
Pero por encima de todo, tendría que ser lento.
Terriblemente lento.
Dolorosamente lento.
Tan lento que cada segundo pareciera un siglo al disfrutar de su tormento.

Un silencio sepulcral se apoderó de mis sentidos y congelo las aguas del tiempo. Todo estaba inerte, tranquilo, silencioso...

Pero ese instante no duró mucho. Cuando se dispuso a tocar la siguiente nota mis manos ya estaban en torno a su cuello, apretando cual soga a un reo suspendido en el cielo a la vista de la multitud.

La saliva brotaba de su boca y se deslizaba desde sus labios hasta mis manos.
Sus ojos se tornaban oscuros a cada segundo que pasaba, como una llama que se consume.
Sus inquietas manos iban perdiendo fuerza como un niño que suelta a su madre cuando se duerme.

Cuan dulce placer el sentirse como la mismísima parca, meciendo la barca de camino al infierno, postrando sus sueños e ilusiones ante los huesudos pies de la muerte.

Trompetas y trombones, flautas y flautines, tambores y timbales, violas y violonchelos. Todos tocaban a mi son desde lo más profundo de mi ser para complementar tan bella escena. Una orquesta perfecta para acompañar tan apoteósica expiración, tan sublime desenlace, tan soberbio final.

Intentó burlar a la muerte que le amordazaba, pero fue inútil.
Con un solo de violín cayó el telón y se hizo el silencio...

Su cuerpo inerte yacía ahora ante mi.
Las manzanas se tornaron grises y pálidas, y sus ojos se cerraron para no volver a despertar.

[#376] "No estoy loco, disfruto de la locura"

Oquedad...

lunes, 28 de marzo de 2011

Kingdom Hearts: Birth By Sleep - Ventus' Theme - EXTENDED

Qué extraño, siento como si una suave brisa me despertara de un sueño eterno...
Juraría que hasta no hace mucho estaba plácidamente durmiendo en mi cama, acurrucado entre mis cálidas sábanas retomando recuerdos felices.
Estoy seguro, estaba acostado, recordando su cara, sus ojos, sus labios...

¡Es cierto! ¿Qué demonios hago aquí?
¿Qué es este sitio? ¿Qué ocurre...?

Un gran espacio desierto y gris se descubre ante mis ojos. Un mundo sin suelo ni techo, sin paredes ni ventanas, sin cielo ni tierra, sin mar ni montañas.

Algo extraño me envuelve, siento como un viento desconocido arrastra mis sentimientos y se los lleva hacia un lugar mejor, lejos de mí, para evitarles más penurias.
No sé por qué solo con estar aquí siento como si nada importara, como si toda felicidad y todo dolor no existieran.

¿Qué es este lugar...?

- La nada -dice una extraña voz a mis espaldas- Detrás de nuestra existencia se encuentra el inmenso vacio. La nada. Donde no existe la historia, donde no mora la mente, donde no descansa el alma...

Sin sentir miedo alguno me giro lentamente. Voy rotando sobre mí mismo, mientras tanteo un suelo invisible, para descubrir una minúscula mota de oscuridad, una pequeña sombra difuminada y suspendida en el vacío.

- Estás en "Ninguna parte" -dice la voz- donde todo es uno, y donde uno es nada...

Lentamente la extraña sombra va creciendo y tomando forma.
Poco a poco un polvo blanco amarillento brota de entre las distancias para arremolinarse en un mismo punto. Se van uniendo la oscuridad y el polvo construyendo una figura triste y encorvada.
Una oscura toga de humo negro recubre su cuerpo y una capucha negra oculta su tez. En su mano izquierda lleva un refulgente reloj de arena dorado mientras en la mano derecha esgrima una enorme guadaña de plata con acabados en nácar.

- ¿Quién eres? -pregunto tímidamente.
- ¿Que quién soy yo? -responde indignado el encapuchado- Bueno, la verdad es que es una buena pregunta. Sí, muy buena. ¿Quien soy? ¿Soy la nada? ¿Soy el tiempo? ¿Soy la muerte? ¿Soy Dios? ¿O quizás, soy tú...?

Un extraño silencio sepulcral se propaga por el aire, y de pronto, rompiendo el tañido del silencio dice:
- Soy aquel a quien comúnmente denomináis como la muerte, o para ser más precisos soy conocido como el Fin de los tiempos.

¿Qué está ocurriendo? ¿Es esto un sueño...?

- No -dice el- No es un sueño. Puedes pellizcarte cuanto quieras que no hay lugar al que volver.

Vuelvo a depositar en él mi mirada para descubrir como se acerca poco a poco.

- Señor Fin de los tiempos. Entonces, ¿es verdad qué...?
- Tranquilo, hay confianza, puedes llamarme Fin.
- Pues Fin ¿podrías decirme si es que acaso ha llegado mi hora?
- Así es. Ha llegado. Has muerto durmiendo plácidamente, la mejor de las muertes. Dejaste de respirar mientras soñabas con la mujer a la que amabas.

Entonces vuelven a mi los recuerdos, su cara, sus ojos, sus labios. Cierro los ojos e intento recordarla, pero poco a poco se va desvaneciendo.

- ¿Me vas a matar? Por favor no me hagas daño...
- ¡No me lloriquees! Tranquilo. Tú ya estás muerto, así que no sufras.
- Entonces, ¿por qué estás aquí?
- Mi labor consiste en llevar la cuenta para saber cuándo llega vuestra hora. Miro mi reloj y cuando llegáis aquí tengo que atravesaros con mi guadaña para que vuestra alma se desintegre y desaparezcáis.

Es en ese momento cuando recobro la compostura y le miro a los ojos sin titubear:
- Haz lo tengas que hacer, pero que sea rápido.
- Tranquilo -dice cariñosamente- Te prometo que no te dolerá.

Se coloca ante mí y eleva la guadaña; Deja caer el mortífero instrumento velozmente y, dibujando un curva perfecta, la sonrisa de la hoja roza levemente mi cabeza y se posa sobre mi hombro, sin producirme daño alguno.

- Qué curioso -dice intrigado- No te has movido ni un ápice. ¿Esa valentía es por orgullo o porque no guardas acaso terror en tu alma?
- Lo siento -digo moviendo la cabeza- Ni la una ni la otra. Si que estoy aterrorizado mientras que llega el fin, pero esta entereza proviene de saber que he tenido la oportunidad de vivir y uno tiene que ser consciente de que tarde o temprano este préstamo debe pagarse.

- Bien, eso está muy bien. Perdón por jugar contigo antes. Pero quiero que sepas que puedo concederte una última voluntad.
- ¿De qué tipo se trata?
- La que tú quieras, siempre y cuando no haya que volver a la vida. Puedo darte lo que más te venga en gana para que puedas disfrutarlo por última vez. Hay quienes me piden que les permita fumarse un cigarrillo, otros quieren oír una canción por última vez, y bueno, otros por ejemplo prefieren pasarse media hora encomendándose al Señor. Ellos sabrán lo que hacen con sus dioses.

Me desentiendo un segundo de la conversación y desvío mis pensamientos para intentar buscar algo que merezca la pena hacer por última vez.
Pienso en la eternidad y en intentar inmortalizar en un momento toda mi vida, resumirme en un único gesto eterno.
Pero entonces se me ocurre algo mejor...

- No puedo volver a la vida, ¿cierto?
- Cierto.
- Pero todavía no he desaparecido, ¿no?
- Así es.
- Entonces mi última voluntad se tiene que realizar obligatoriamente por así decir en este mundo ¿Me equivoco?
- Para nada, has dado justo en el clavo ¿Ya sabes qué deseas?
- Sí ¡Quiero quedarme aquí para siempre!

Entonces el encapuchado aparta la vista de mi y empieza a rascarse suavemente la cabeza mientras mira a su alrededor como si estuviera buscando algo.

- Hombre, puedo hacerlo, pero es la primera vez que me piden algo semejante.
- Entiéndeme, no quiero desaparecer. Es mi voluntad. Prefiero permanecer aquí eternamente antes que sentir como se desvanece lo poco que me queda de existencia.

Me mira tristemente y con voz seria me dice:
- Entonces te convertirás en un alma en pena ¿Es eso lo que quieres? Vagarás por toda la eternidad en la nada, y jamás podrás rectificar.
- Tranquilo -menciono con risa burlona- Aquí es donde tu entras en juego ¡Adóptame!

Soltó una profunda carcajada.
- ¿Qué estás diciendo? ¿Que te adopte?
- Más o menos. Permíteme ser tu pupilo, tu hermano, déjame trabajar a tu lado por toda la eternidad y poder compartir contigo esta terca soledad. Te lo ruego.

Me arrodillé a sus pies mientras la poca esperanza que quedaba en mi se marchitaba para siempre. Aferrado a las oscuras telas que cubrían su cuerpo lloraba desconsoladamente al pensar en que todo cuanto fui había desaparecido y que lo poco que quedaba de mí no tardaría en desaparecer...

Entonces, sin previo aviso, levantó la guadaña, la sacudió en el aire y como un huracán la hizo bailar a mi alrededor, despellejándome las carnes y dejando intacta mi alma.

Cuando de mi existencia no quedó nada más que una pobre alma desnuda me cubrió con una capa negra y me entregó el reloj de arena. Me levanté y observé el precioso objeto dorado con el que me había obsequiado. Podía ver mi nombre plasmado en él y toda la arena en un mismo compartimento. Pero tras la visión la arena desapareció y con ella mi nombre.

- Ahí puedes ver el lapso de vida restante de todas las personas. Gracias a él puedo saber cuándo llegarán las almas por destruir.
- Ahora -dijo- ya no tienes ni nombre, ni existencia material, no existe lugar a donde puedas volver ni a donde tengas oportunidad de dirigirte.

Se irguió triunfante y prosiguió con voz poderosa:
- Prepárate. A partir de ahora no volverás a recordar qué es el descanso. Desde este mismo instante ambos estaremos unidos y nuestra labor será seguir con el fin de las vidas y la destrucción de las almas.

- Gracias. -le dije desde la sinceridad más pura que jamas hubiera imaginado.
- No hay de qué. Se agradece no tener que cargar yo solo con la desesperación de todo el mundo.

Me acarició la cabeza suavemente. No sé si como muestra de afecto o de agradecimiento, solo recuerdo que fue la única vez que sentí algo de calor en aquel mundo de dolor.

- Entonces -dije antes de partir- si yo ya no tengo nombre ¿quién soy?
- Buena pregunta. Esta vez sí que te puedo responder -dijo con una sonrisa- Ahora que somos hermanos, ambos formamos parte del mismo Fin de los tiempos. Yo blandiré la guadaña y tu portarás el reloj...

[#376] Hermanos eternos. El tiempo de las muertes y la muerte de los tiempos...

Desesperación...

jueves, 24 de marzo de 2011

Frédéric Chopin - Marche Funèbre

Bajo la atenta mirada de la muerte no queda nadie capaz de sobrevivir.
Solo el frió manto de la noche alcanza a burlar a la suerte y consigue sonreír a través de las estrellas que siguen allí suspendidas, vigilando a todo ser que intente escapar de su mirada.

Siente el suave frescor de perfume, el aliento de la muerte que cubre la esperanza bajo un mar de nubes negras, las autopistas negras que atraviesan volando mi terca soledad. Todo se oscurece tras los párpados del terror y la desesperación, todo carece de sentido a la vez que recobra todo aprecio, todo amor y toda melancolía al saber que se perderá la totalidad de nuestra existencia tras un tramo lúgubre y agonizante.

Pero por mucho que se llore o se implore el día del juicio final se acerca implacablemente, hora tras hora, día tras día, año tras año...

El tiempo no se detiene, solo inapreciamos su velocidad durante la felicidad y saboreamos amargamente su dilación a lo largo del llanto.

De ese modo llegamos a la conclusión de que el tiempo, se haga lo que se haga, avanzará. Del mismo modo que mi tiempo avanzó mientras estas lineas iban naciendo de mis pensamientos tu tiempo se va consumiendo mientras saboreas cada párrafo que hay ante tus ojos.

Sabiendo que la arena de nuestro reloj no es ilimitada debemos buscar, a lo largo de este proceso no cíclico, aquello que merezca la pena recordar.
Somos la personalización de nuestros triunfos, somos el futuro que procuramos construir en nuestro pasado, y por eso vivimos atados a aquellos tiempos mejores en que el esfuerzo valió la pena. La nostalgia de aquel entonces en que fuimos más de lo que seremos nunca.

Entonces, si vamos a morir de todos modos ¿Vale la pena esforzarse en tener una vida plena o solo procurarse los lujos que estén a nuestro alcance para buscar que el trance sea lo más rápido posible?

A mi parecer lo más cómodo sería buscar que el tiempo pasase de la forma más amena posible. Pero el día en que uno tenga que abandonar su existencia, haya o no que reunirse con un ser supremo, no creo que quiera mirar hacia atrás en su vida y no encontrar nada de lo que sentirse orgulloso, ninguna hazaña que le haga sentir especial.

Ha ahí el problema que me atormenta ¿De que debo sentirme orgulloso...?
Puede que nunca haya sido una persona de malos resultados y logros inútiles, pero por mucho que alguna vez haya obtenido algún triunfo considerable solo ha servido para hacerme sentir peor en el futuro, para entender que lo pasado pasado está y no se volverá a repetir.
Quiero encontrar ese algo que me haga sonreír un día tras otro, ese algo que me llene de satisfacción cada vez que lo hago, ese algo que hace que me sienta especial y diferente de los demás...

Ese algo puede que llegue algún día, pero mientras tanto no puedo evitar el sentirme perdido, indefenso ante el paso de los tiempos y su implacable final.

[#376] La muerte no es gratis. Es por eso que se paga con el esfuerzo, la esperanza y las lágrimas de toda una vida...

Muerte 2...

miércoles, 7 de abril de 2010
















A veces es necesario retomar cosas ya empezadas, pero olvidadas, para continuarlas, darles un enfoque distinto y intentar darles un mejor sentido.

Retomo el tema de la muerte porque necesito darle un nuevo punto de vista y es que la muerte no es lo hay mas allá sino también lo que esta aquí, puesto que no te das cuenta de la importancia que tiene una persona en tu vida hasta que la pierdes.

Hasta aquí la parte de reconcomiento y empieza la ciencia, (Filosofía=Ciencia que estudia la esencia del pensamiento, ergo es una ciencia) y es que la muerte esta ahí, siempre presente entre nosotros puesto que al día mueren millares de personas, pero solo somos capaces de ver las que están cerca de nosotros, es decir nuestro cerebro esta tan sumamente (o tan poco) desarrollado como para que la muerte de una persona no excesivamente cercana a nosotros se muera y no seamos capaces de sentir nada, pero en el caso de que los lazos que establece alrededor de esa persona sean especialmente fuertes (se muere un pariente cercano o un gran amigo) somos capaces de expresar sentimientos que antes podrían parecer desaparecidos, como el sentimiento de frustración por no poder haber hecho nada, el de pena porque no lo volverás a ver, el de excesiva tristeza, puesto que lloras desconsoladamente o incluso el de miedo porque como se suele decir "las desgracias nunca vienen solas".

Entonces toca explicar lo de los lazos con un ejemplo bastante explícito, las neuronas, cuando se usan (en este caso conoces mas a fondo a la persona), las conexiones entre ellas se hace mas fuerte (el sentimiento de cariño se hace mas fuerte) y cuando en el ultimo caso la neurona fallece si no se ha ejercitado(no es una persona cercana), no pasa nada, pero en el caso de que sea por ejemplo la parte del cerebro en la que se conoce a la gente que se usa siempre, (es decir se muere una persona cercana) si que pasa.

Por ello digo que es importante conocer a la muerte para que cuando tengas que mirarla a los ojos por un fallecimiento de alguien cercano seas capaz de reaccionar, y de no caer en el mas profundo olvido...





Esta entrada va por ti...

Funeral...

miércoles, 3 de marzo de 2010


La muerte tiene tantas caras como caras tienen dos ojos, muerte solo hay una para unos y miles las hay para otros. Toda la vida pensando en ella mientras ella piensa que somos tristes despojos, un desperdicio que se ha perdido y que perdió hasta la ultima gota de su arrojo.

¿Cuantas muertes existen? ¿Una para cada alma? ¿O solo existe una que encuentra diferentes herramientas para induirnos a todos la calma?

La muerte es la muerte, desaparecer para no ser visto, para que se borre tu paso por los ojos, los labios y los oídos. Morir es volver a la nada, retornar al lugar del que procedemos, es volver a nuestro verdadera casa, es cuando perecemos.

La muerte puede ser de la vida, de nuestro camino largo y traicionero, pero también puede ser de las expectativas, de las esperanzas y de los sueños.

Yo no temo a la guadaña, no me atemoriza su filo, yo solo a lo que temo es a la nada, a caer en lo mas hondo del olvido.

Nunca he odiado a la muerte, simplemente ocurre que la envidio, quiero también tener el privilegio de ir segando vidas, poder decidir cuando cortar los hilos.

Pero no quiero hablar del hecho de morir, y mucho menos de las crueldades que nos ofrece, vengo a mencionar cuando un recuerdo perece y ya no lo puedes sentir.
Estoy hablando de lo que amamos, lo que queremos y sentimos, porque nuestra vida comienza con un papel en blanco que se quemara cuando sea debido, pero lo que nosotros escribamos no tiene que caer en el olvido, es eso por lo que hay que luchar, da igual si tienes mas o menos pergamino, lo que importa es que te de para escribirlo todo, para plasmar aquello que hayas sentido...

Todos tenemos nuestra hoja de papel, y para escribir nuestra querida pluma, que cada uno escriba lo que le plazca, yo le escribiré a la luna...

[#376] Nacer no es si no comenzar a morir, el único momento en el que vivimos es cuando dejamos de existir, cuando nos llega la nada, cuando ya no tendremos que sufrir...

Nothingness...

miércoles, 2 de diciembre de 2009

Mira esta entrada mientras escuchas esta canción...

¿Donde estoy...? ¿Como he llegado hasta aquí...? ¿Por que estoy vivo...?
¿Cual es mi rumbo...? ¿Por que existo...? ¿Cual es mi meta...?
¿Cuando podre descansar...?

Estoy aquí... Llegue así... Estoy vivo porque si...
Mi rumbo no tiene camino... Existo para existir... Mi meta es morir...
Cuando muera por fin podre descansar...

Detrás de nuestra existencia se encuentra el inmenso vació de la nada, donde no existe la historia, donde no mora la mente, donde no descansa el alma.
¿Quien soy yo?
¿Soy la nada? ¿Soy el tiempo? ¿Soy la muerte? ¿Soy Dios?
¿O quizás, soy tu...?

La nada es el mayor de los conocimientos, es el saber absoluto, es donde no hay nada, un gran espacio desierto sin suelo ni techo, sin paredes ni ventanas, sin cielo ni tierra, sin mar ni montañas, sin amor ni odio, sin placer ni dolor, sin amigos ni enemigos... Es donde todo es uno, y donde uno es nada.

Donde el pensamiento a muerto, donde el aire no silba, donde la vida no se atreve a vagar, donde la muerte no puede respirar, es el otro lado de la puerta donde se encuentra la verdad...

Donde sabes que no sabes nada y tu destino es no saber, donde te resignas a que de nada sirve tener algo que entender. Todos llegaremos algún día a alcanzar esa sabiduría, todos experimentaremos la nada, cuando nuestro cuerpo muera y nuestra mente se desvanezca...

¿Para que ser sin después existir? ¿Para que existir sin después ser?
Es el destino del pensamiento, todos seremos moradores de la oscuridad...

[#376]

Destrucción...

miércoles, 11 de noviembre de 2009


¿Que es el tiempo?
Algo que no podemos controlar, que transcurre sin que podamos remediarlo.
¿Que es la vida?
Algo que no sabemos apreciar, que mucha gente malgasta con el paso de los años.

Nuestra vida no es mas que una libro perdido en la biblioteca de la historia de la humanidad. Pero yo no estoy aqui para hablaros del papel de cada uno en la vida, yo voy ha hablaros sobre el mayor enemigo de todas las cosas, aquel al que nadie a podido nunca vencer...

"Devora todas las cosas:
aves, bestias, plantas, flores.
Roe el hierro y muerde el acero,
pulveriza la peña compacta.
Mata reyes, arruina ciudades,
y derriba las altas montañas
desgarrando sus pilares.
" -El Tiempo-
Acertijos en las Tinieblas (Gollum) - El Hobbit

El tiempo nunca se detiene, el presente sigue avanzando cada paso que damos, pero por mucho que retrocedamos no podemos recuperar el tiempo perdido. Tardamos mucho tiempo en descubrir que el tiempo es el bien mas valioso que puede existir, ya que cuando este se agota dejamos de existir, nuestra vida acaba.

Cuando nuestro tiempo se agota es cuando dejamos de vivir, entonces... ¿Eso quiere decir que el tiempo es la muerte? ¿El Tiempo es en verdad el verdadero segador de vidas? ¿Es aquel tan cruel capaz de destruirlo todo? ¿Es quien nos arrebata a nuestros seres queridos y el que se encarga de hacer caer hasta el ultimo grano de nuestro reloj de arena?

Entonces, la muerte y el tiempo son lo mismo, son igual de crueles, igual de retorcidos, igual de inflexibles...

Nacieron una vez dos gemelos dotados de estraordinarias habilidades
Quemar los bosque, destruir las montañas y secar los mares

Los conocemos desde siempre, nos observan desde lejos
Nos miran a los ojos desde el otro lado de los espejos

Desde el comienzo han estado a tu lado, menciendo lentamente tu cuna
Pero cuando por fin tus gritos han cesado, esperanza no dejaran ninguna

Crueles y despiadoados, expertos asesinos con suerte
Nunca les des la espalda, trataran de morderte

Te acechan con cautela para que no les descubras
Porque el dia que los veas solo encontraras penurias

Ellos siempre tiene paciencia, no tardaran ni un instante en vencerte
Ellos son los destructores de la existencia, ellos son El Tiempo... y La Muerte.


[#376]

Muerte...

lunes, 9 de noviembre de 2009

Esta es mi segunda pregunta
Que hacemos despues de morir?
Nada?...
Todo?...
Que?...
Eso es lo que yo me planteo
Como sabemos o sabremos que hay despues?
Esa la eterna pregunta y es la eterna pregunta ni mas ni menos que porque no se resuelve
Ni se resolvera...
Porque por desgracia la unica persona que puede decirnos que hay despues...
Es la que ya ha muerto y si ya ha muerto no puede volver...
Entonces es cuando alguien como tu o como yo nos preguntamos...
Que hay despues?
Por que tiene que haber algo despues?
Es necesario que haya algo despues?
Si no es necesario...
Caemos al olvido?
Subimos al olvido?
Caemos al infierno?
Subimos al infierno?
Caemos al cielo?
Subimos al cielo?
Caemos a la desesperacion de estar milenios y milenios sin hacer nada?
O estamos viviendo mi teoria?
O no?
Por que esto es tan complicado me pregunto yo y me imagino que te preguntas tu?
Pues simplemente porque el ser humano no esta hecho para que le manden arriba o abajo o que
le manden porque esto si que es verdad tu no preferirias que nadie te mandara y mandar tu?...

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